← Gibran González

25 de marzo de 2026

Lo que me hubiera gustado entender sobre las tarjetas de presentación cuando empecé

La herramienta real no es la tarjeta

Tarjetas de presentación sobre una mesa

Cuando empecé, estaba convencido de algo:

Que si tenía unas buenas tarjetas de presentación… los clientes iban a llegar.

Así tal cual.

Mi lógica en ese momento

Pensaba:

Entonces hice lo que muchos hacen: mandé hacer tarjetas. Bonitas. Bien pensadas. De esas que te da gusto entregar.

Y salí a repartirlas

Cada vez que conocía a alguien:

Y me iba con la sensación de que estaba haciendo lo correcto. De que estaba sembrando.

Pero empezó a pasar algo raro

Nadie me hablaba. O casi nadie. De todas las tarjetas que entregaba… no pasaba nada.

Al principio pensé que era el diseño

Dije:

Pero no era eso.

Con el tiempo entendí el problema

No era la tarjeta. Era que yo estaba esperando. Esperando a que la otra persona:

Era demasiado.

Y aquí fue donde todo cambió para mí

Un día me di cuenta de algo muy simple: estaba dejando el control del proceso.

Yo daba mi tarjeta… y cruzaba los dedos.

Entonces empecé a hacer algo diferente

En lugar de solo presentarme y entregar la tarjeta… empecé a quedarme un poco más. A preguntar:

Y la conversación cambiaba.

Y después hacía algo clave

Decía algo así: "Oye, te escribo por WhatsApp y te paso esto"

Y listo. Ahí cambió todo.

Porque ahora ya no dependía de la tarjeta

Ahora yo tenía el contacto. Yo podía escribir. Yo podía dar seguimiento. Yo podía volver a aparecer.

Y entendí algo que nadie me había dicho

El negocio ya no estaba en la tarjeta. Estaba en lugares como WhatsApp. Ahí es donde realmente pasa todo:

¿Las tarjetas dejaron de servir?

No. Pero dejaron de ser lo principal.

Cambió su papel

La tarjeta dejó de ser: "para que me contacten"

Y pasó a ser: "un recordatorio de que existo"

Un pequeño refuerzo de la conversación. Nada más.

Pero hay algo importante que también aprendí

No siempre puedes hacer esto.

Hay momentos donde no puedes pedir el número

Por ejemplo:

Ahí no puedes sentarte a platicar. No puedes generar conexión real.

Y ahí sí sirven las tarjetas

Pero no como antes. Ahí sirven por volumen.

Me pasó varias veces

Eventos donde hablaba con mucha gente en poco tiempo. No podía profundizar. Entonces ahí sí: repartía tarjetas. Muchas.

Y aunque pocas personas escribieran… funcionaba

Porque en ese contexto, eso es lo que toca.

Entonces entendí que hay dos juegos

Y que no hay que confundirlos.

Cuando puedes conectar

No entregues tu tarjeta. Consigue el contacto.

Cuando no puedes conectar

Reparte tarjetas. Muchas.

El error que yo cometía (y que veo todo el tiempo)

Tenía la oportunidad de platicar… y aún así terminaba con: "Aquí te dejo mi tarjeta". Y me iba.

Hoy lo veo muy claro

No era falta de clientes. Era falta de seguimiento.

Si hoy empezara otra vez

Haría esto:

Porque al final es esto

No es: Tarjeta → cliente

Es: Conversación → contacto → seguimiento → cliente

Y la tarjeta…

es solo una parte pequeña de todo eso.

Si alguien va empezando, le diría esto

No te obsesiones con la tarjeta perfecta. Obsésionate con:

Lo demás viene después.

Si tienes un proyecto, una idea, o un problema empresarial…

Hablemos.

¿De qué quieres hablar?

Responderé yo personalmente.

Me gustan las conversaciones con gente que quiere hacer cosas.

Lo que me hubiera gustado entender sobre las tarjetas de presentación cuando empecé — Soy Gibran